La aprobación de la Ley de Reforma Judicial desata una grave crisis en Israel
La aprobación de la primera Ley de Reforma Judicial en Israel ha desatado una profunda crisis en el país, con manifestaciones masivas, renuncias de reservistas, enfrentamientos y una creciente tensión social y política. El proyecto, impulsado por la coalición ultraconservadora, ha sido votado en la Knésset y ha generado una fuerte división y controversia en Israel.
La polémica ley, incluida en el plan de reforma judicial lanzado en enero por la coalición ultraconservadora, busca limitar el poder del Tribunal Supremo (TS) y ha desencadenado una guerra identitaria que fractura al país en uno de los momentos más tensos de su historia. Tras semanas de protestas y advertencias del empresariado, el sindicato y el presidente estadounidense Joe Biden, el Gobierno votó la norma en la Knésset, lo que resultó en protestas en varias ciudades y enfrentamientos violentos entre manifestantes y policías.
El primer ministro Benjamín Netanyahu, cediendo a las demandas del ala más militante de su Gobierno, logró evitar una crisis política que amenazaba su posición, pero a costa de agravar la crisis más amplia y profunda que afecta a Israel a nivel nacional, económico, social y diplomático, con consecuencias ya visibles incluso en el ejército.
La ley anula el «criterio de razonabilidad», que permitía al Tribunal Supremo revisar y revocar decisiones o nombramientos gubernamentales, y esto ha generado un profundo malestar en la población y la oposición, que ven peligrar la independencia judicial.
La votación desencadenó una ola de protestas en ciudades como Tel Aviv, Jerusalén y Haifa, mientras la Bolsa registraba pérdidas y varios recursos de impugnación fueron enviados al TS para que la ley sea anulada. La oposición promete trabajar para revertir la ley si regresa al Gobierno.
La aprobación de la Ley de Reforma Judicial ha generado preocupación en la comunidad internacional. El presidente estadounidense Joe Biden había instado a Netanyahu a buscar consenso en lugar de llevar a cabo la reforma de manera unilateral, advirtiendo que las reformas sin consenso amplían divisiones y no las reducen.
La crisis en Israel se profundiza ante la amenaza de más de 11,000 reservistas de renunciar y el temor a una fractura interna irreversible. La identidad del país, su carácter judío y democrático, están en juego y generan una profunda división en la sociedad israelí.
Las consecuencias de esta aprobación son cada vez más evidentes, y el país enfrenta una compleja situación en la que las tensiones políticas y sociales están llegando a un punto crítico. La comunidad internacional sigue de cerca los acontecimientos, mientras Israel se enfrenta a un desafío histórico en su camino hacia la unidad y estabilidad.
